Simplemente decir que ha sido la leche. Nunca en mi vida creí que podría sentir algo así, tener una complicidad asombrosa con unas personas que conocía desde solo unas horas antes, ni se me pasaba por la cabeza creer que un fin de semana me marcaría tanto en mi forma de ser y me abriría de tal manera los ojos y, a pesar de haberme despedido de gente importantísima a lo largo de los años, nunca un "hasta luego", como espero que sea, había sido tan difícil. Muchas gracias a todos por cinco días no olvidaré jamás.
Para personas que lean esto, o que sólo han pasado algunos ratos con nosotros durante esta aventura, puede que les suene un poco mal, cursi, ridículo e incluso un poco asqueroso y pedante, pero estoy seguro que Daniel, Raquel y la loca de Noelia saben que no es así, y que el ambiente que se respiró fue simplemente indescriptible. Abrirse a dos personas que no había visto anteriormente y llegar a poder "masticar" su cariño, siempre reciproco, y vivir una experiencia así con un amigo al que conoces como la palma de tu mano y nunca te deja de sorprender, se lo recomiendo a toda persona, este viaje es una sensación que nadie debe dejar de vivir. Os cuento.
Todo empezó meses atrás, planificación de fechas, nerviosismo, miedo al fracaso, intranquilidad, deseo, risas, largas charlas tras un té calentito o tras una buena cerveza y un montón de raciones. Supongo que el miedo era la sensación más incontrolable y a la vez más presente. Sé de buena tinta que Daniel y yo temíamos tener algún enfrentamiento durante el viaje, ya que siendo muy iguales, no nos parecemos en nada. Esas dudas nos llevaron a tirar encima de la mesa todas nuestras cartas, decirnos lo que esperábamos que sucediera, como actuaríamos en alguna concreta situación violenta, como nos ayudaríamos o simplemente lo que no queríamos ver en la actuación del otro, eso es lo que intentamos, no forzar ninguna situación molesta el uno con el otro para que todo fuera correcto. Soy sincero, tenía muchas dudas, no sólo de la actuación de Daniel, sino de la mía misma.
El martes 10 de marzo de 2004, después de acudir a una entretenida clase de óptica geométrica, quedamos para ir a comprar la comida que nos alimentaría durante nuestra estancia vacacional, pero. no compramos mucha comida, solo unas cuantas botellas de Johnnie, unas cervecitas, patatas fritas, pipas, unas latitas de mejillones (que luego nos darían mucho juego, ¿verdad Raquel? ;-), unas cuantas olivitas, cebollitas y pepinillos que devoramos cada noche, una gran bolsa de cruasanes para desayunar y. ya está, una compra que hacia presagiar que hambre fijo que pasaríamos, pero que bebida y mierdas no nos iban a faltar. |
Nuestra maravillosa compra se completaba con un poco de saqueo de nevera de casa de nuestra anfitriona ^_^U Conchita nos hizo una tortillita extraordinaria y nos metió té y alguna que otra cosa y Angelines nos hizo una buena empanada de jamón, queso y bechamel, nos regalo una tableta de chocolate y unos cubiertos, que nosotros habíamos olvidado. Con todos nuestros suministros y otras cuantas cervezas, coronitas, una botella de Ron y una botellita de cava que cogimos de nuestro almacén permanente en Algete, creíamos tener todo lo necesario.
El miércoles 10 de marzo de 2004 fue un día difícil. Además de madrugar para ir a clase, y compaginarla con los nervios típicos previos a un viaje, se junto que tenía que trabajar. Nos acostamos tarde más allá de las 2 de la mañana y tuvimos que aplazar nuestra salida, que en vez de realizarla a las nueve como teníamos previstos lo hicimos a las diez. No fue un despertar fácil ni mucho menos. Madrid estaba aterrada, acababan de suceder los fatales atentados en la red de cercanías y dudamos si salir, ir ayudar, quedarnos. y el miedo fue otra vez una sensación que hizo presencia en el viaje, pero esta vez por motivos muy diferentes.
El ambiente en el coche era de tensión, malestar, e incluso podría decir que una sensación de culpabilidad nos cubría al pensar en lo que había pasado y que nosotros nos íbamos de viaje. No quitamos las noticias ni un segundo durante las primeras horas, que en verdad nos las pasamos parados de control en control, ya que Madrid pretendía convertirse en una tela de araña de la que no pudieran salir los asesinos y nosotros nos vimos atrapados en ella. Tardamos más de dos horas en hacer cincuenta kilómetros pero el resto del viaje fue muy sencillito. Dani se aburría lo que le llevó a hacer fotos a todos los toros de Osborne del margen de la carretera, a los Tío Pepe y a carteles de 3x2 al paso por Sevilla, pero a los demás nos vino bien, porque así nos pudimos reír un poco. Paramos a comer después del Puerto de Despeñaperros y cuando el viaje ya daba sus últimas coletadas, al Sr. Daniel le da por tener una corazonada que nos equivocó de salida, tuvimos que dar un poco de vuelta, pero encontró la casa de Raquelilla que salio como un rayo a recibirnos, y aunque su primera expresión en la cara era maravillosa y estaba realmente guapa (tengo que decir que yo no conocía físicamente a Raquel, sólo había oído hablar de ella, y aunque los comentarios eran realmente increíbles, no llegaban a poder expresar lo guapa que es la niña), enseguida cambio su rostro y nos pregunto: "¿Sólo venís hasta el domingo verdad? ". Este comentario creo que era porque llevamos un montón de equipaje que suele ser lo que ocurre cuando haces un viaje solamente dos personas en un coche y no tienes problemas de espacio, aunque si nos llegamos a despistar. |